EL CADÁVER DE ANNA FRITZ
DIRIGIDA POR HÈCTOR HERNÁNDEZ VICENS
En cines el 30 de octubre



La muerte de una mujer hermosa es, sin duda, el tema más poético del mundo.

E. A. Poe

Hace años leí en un periódico la noticia que un celador de un hospital había violado un cadáver. Yo estaba buscando una historia con personajes arrastrados por sus instintos más primitivos y pensé que éste era un buen punto de partida. ¿Qué debía de tener en la cabeza el celador cuando se dio cuenta de que todo el mundo, familia, amigos, conocidos, sabría que era un necrófilo? De ahí nació el argumento deEl cadáver de Anna Fritz unos personajes cometen un acto moralmente infame –la violación de un cadáver– y se encuentran en la situación de que posiblemente todo el mundo, la sociedad, va a saber lo que han hecho. Solo se salvarían si ella volviera a morir. El miedo nos permite, y a veces nos empuja, a matar. Pero matar para una persona normal, no es tan fácil. Tal vez imposible. Para hacerlo necesita deshumanizar u odiar a quien asesina. Este funcionamiento perverso de la naturaleza es en lo que se basa la película.

Me interesaba dibujar esa fina frontera que separa lo que nos hace humanos de lo que nos convierte en monstruos. La persona más normal puede convertirse en monstruo muy fácilmente. Si no, no se explicaría el comportamiento de los humanos durante las guerras y los genocidios. Pero hay muchas formas de monstruosidad y en esa primera película me apetecía explorar la más primitiva, la más básica. Esa maldad prácticamente no evolucionada. Una maldad en un primer momento sin ningún sadismo. Una maldad ejercida, incluso, por personajes que, para nada, querrían ejercerla. Una maldad que destruye psicológicamente a quién la experimenta. Una maldad que nace de la necesidad.

Para ir a buscar esa maldad simple y básica, elegí a unos personajes simples y básicos. Clase media-baja. Nivel cultural medio-bajo. Nivel ético medio-bajo. Jóvenes que trabajan para gastar en alcohol, drogas y sexo. La gente más común que tuve a mano. Busqué a actores que se les parecieran. Tal vez eso último es una fantasía pero me sirvió para escogerlos y para crear con ellos a los personajes.

El Cadáver de Anna Fritz es una película con sólo cuatro actores y un único espacio. La acción transcurre dentro de la unidad de espacio y de tiempo. Un depósito de cadáveres, una sola noche (unas tres horas). Sin elipsis emocionales, con los personajes siempre presentes. Un tiempo y un espacio que forman parte de la historia, y que la contienen. Un tiempo y un espacio que, también, oprimen tanto como las dudas y las decisiones de los personajes. Un espacio que hace físico el conflicto en todo momento, y un tiempo que recuerda en todo momento que el final es inminente, que todo acaba. La cámara nunca narra, es siempre psicológica, busca básicamente transmitir de la manera más directa posible las emociones y los sentimientos y reducir al máximo la distancia entre los espectadores y los personajes. Siempre con el fin de hacer sentir al espectador la angustia que sienten los personajes ya que “sentir” es muchas veces la mejor manera de “entender” y “comprender”.

Hèctor Hernández Vicens